jueves, 19 de diciembre de 2013

¿Qué pasa con los aeropuertos de Brasil?

Anoche viajé desde Brasilia, vía San Pablo, con destino Montevideo para pasar las fiestas con mi familia. A fines de octubre me mudé de Pequín para vivir en la capital brasileña. Brasilia es una ciudad hermosa así como interesante desde el punto de vista arquitectónico. La arquitectura de la ciudad es única y sin precedentes en el mundo, pues es el único caso de una capital de un país que fue planeada totalmente y construida desde cero hace apenas aproximadamente 45 años. Antes de ese tiempo, en el territorio donde hoy se encuentra el Distrito Federal, no había ni una sola casa. Era todo bosque.

Hoy Brasilia es una ciudad muy verde, donde los árboles del arbolado público son mangos, árboles de yaca, cajú, almendros, paltas, mandarinas, pitangas, y otros tipos de fruta. Basta salir a caminar por cualquier cuadra e ir recogiendo la fruta del piso, o arrancarla del árbol con algún palo largo. Quizás no haya ciudad más bonita para quienes les gusta correr o salir a caminar. Es un clima tropical, y por ende previsible. No es frío ni muy caliente. Es muy verde, tranquilo, sin amontonamientos de gente, con pocos autos por km2, y en las zonas residenciales casi no se escuchan los vehículos. Siempre se oyen los pájaros. Y como si eso no fuera suficiente, los servicios son muy buenos, y la gente es educada y amigable.

Pero hay algo que no entiendo: ¿cómo puede ser que teniendo tantos puntos a favor, no hayan podido aún administrar un aeropuerto medianamente aceptable en términos estándares?


Como quizás ya sepan, San Pablo es el principal centro financiero de Brasil, así como la mayor ciudad. También, el aeropuerto de Guarulhos en San Pablo o Sao Paulo es el principal Hub de América del Sur, y eso no es poca cosa. Y como si no alcanzara, Sao Paulo será la segunda ciudad anfitriona en la próxima Copa del Mundo 2014. Y la pregunta que la gente se hace es: ¿cuándo van a terminar de agrandar y modernizar los aeropuertos? Y es va principalmente para el de San Pablo que, personalmente, creo que es de los peores entre los aeropuertos importantes que conozco
.

Una característica de Guarulhos son las largas colas donde se demora más de la cuenta en ser atendido, mientras se ve a un solo empleado atendiendo público mientras los además hacen quién sabe qué. Y no estoy sugiriendo que no trabajen. Pero acá el problema es la mala organización del aeropuerto. El personal es amable, simpático y gentil, como lo es en general el brasileño. Pero la funcionalidad del aeropuerto es desastrosa.

Siempre que he hecho escala en Brasil he tenido que salir y volver a entrar. Nunca he podido permanecer en tránsito dentro del aeropuerto. Y luego tengo que subir por oscuras escaleras hasta llegar nuevamente a la zona de embarque. La parte de comidas es la peor de todas, pues casi no hay donde sentarse a comer algo o a tomar un café (principalmente del lado de adentro, luego de pasar por el control de seguridad). Sí hay cafeterías donde se puede pedir un aperitivo y un café, y apoyar en una mesa compartida mientras se bebe y se come de pie. Eso es lo común. Además, el aeropuerto está atestado de personas, y absolutamente todas las veces que pasé por ese aeropuerto para volar a Montevideo, nos fue asignada una puerta de embarque en un rincón, que era cambiada a último momento. Y las personas sentadas en el piso a falta de otro lugar. En resumen: es un total caos.

Y la pregunta del millón de dólares: ¿Cuándo el gobierno va a terminar las reformas que prometió como anfitrión del Mundial 2014? La contra-pregunta que yo haría es: ¿acaso están pensando terminarlo? No parece. Pero tengo una teoría sobre este punto, y es lo que quiero compartir a continuación:

Muchos podrán no estar de acuerdo conmigo, pero yo creo que la Copa del Mundo de fútbol es el evento internacional masivo más importante y de mayor trascendencia. Ya sé. Me dirán que no tiene la tradición, ni la historia, ni la nobleza que sí tienen las Olimpíadas. Y es verdad. Pero ningún otro evento (ni siquiera las Olimpíadas) despiertan y mueven tantas pasiones a nivel mundial como la Copa del Mundo. La gente desespera y hasta aprende de memoria los nombres de un gran número de deportistas extranjeros. Y esto se debe sencillamente a que se trata del principal evento masivo mundial. ¿Y cuál es la Meca del fútbol? Casi todo el mundo dirá Brasil. No importan los argumentos. No importa si es cierto o no. Pero sí importa que para el mayor número de personas esto es así. Y los brasileños lo saben, y lo sienten así. 

Los brasileños son un pueblo único en este aspecto: son quizás el pueblo más genuinamente patriota del mundo. Pero no me refiero al falso patriotismo, o a ese orgullo que busca ocultar un complejo de inferioridad. Como es el caso de la mayoría de los países. Alcanza para que uno oiga a un extranjero hablar mal de su país, y de repente le brota un fanatismo patriota. Pero eso no es el patriotismo genuino. Es la reacción a un sentimiento de ofensa. Por eso digo que los brasileños deben ser de los pocos en todo el mundo que son genuinamente patriotas. Ellos aman a su país. Si alguien habla mal de su país, en lugar de ofenderse, piensan que el que habló es un demente. Brasil es el país "bendecido por Dios". Y esta frase se repite en muchas de sus canciones y pues refleja la manera como sienten.

Y la verdad es que los brasileños no sienten la urgencia típica de otros países que han sido anfitriones de la Copa del Mundo. Brasil sabe que no puede competir en organización con un país europeo, pero esto no le quita el sueño. Quizás la manera de pensar sea ésta: otros países necesitan hacer algo para mostrar. Brasil ya es una belleza natural. ¿Quién puede no enamorarse de Brasil?


Y opino así, porque no siento tampoco una urgencia en los brasileños por ver terminadas las obras a las que se comprometió su gobierno con la FIFA. Si fueran uruguayos, argentinos, ingleses, japoneses, estarían nerviosos de ver que todo quede preparado a tiempo para poder tener algo de qué enorgullecerse frente a los turistas del mundo entero. Pero comparativamente se puede decir que los brasileños son bastante indiferentes a esto. Después de todo, si todo termina siendo caótico, tómenlo como un carnaval y diviértanse. Después de todo, es una Copa del Mundo en Brasil. ¿Qué más se puede pedir?

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